
Febrero suele pasar desapercibido cuando hablamos de plagas. No es verano, no hay calor extremo ni actividad intensa en exteriores, y muchas empresas creen que el riesgo ha quedado atrás tras el otoño. Sin embargo, la realidad es muy distinta: febrero es uno de los meses con mayor incremento de actividad de roedores en entornos urbanos y profesionales, y uno de los momentos clave para plantear una desratización profesional que evite problemas mayores en locales comerciales, industrias y edificios de uso empresarial.
Ratas y ratones no desaparecen con el frío. Al contrario. Cuando bajan las temperaturas, cambian de comportamiento y buscan refugio en espacios cerrados donde encuentran calor, alimento y tranquilidad. Y ahí es donde entran en escena negocios, industrias, locales comerciales y edificios con zonas técnicas poco transitadas.
Comprender por qué ocurre este aumento y cómo prevenirlo es clave para evitar problemas mayores en los meses siguientes.
El frío no los elimina, los empuja hacia dentro
Durante el invierno, especialmente en febrero, los roedores reducen su actividad exterior. La falta de alimento y las bajas temperaturas los obligan a desplazarse hacia lugares protegidos. Los edificios se convierten en el entorno ideal: sistemas de calefacción, cuartos técnicos, almacenes, falsos techos o zonas de carga ofrecen condiciones óptimas para su supervivencia.
No es casualidad que muchas infestaciones comiencen en espacios poco visibles, ya que los ratones y ratas tienden a esconderse en zonas donde apenas hay tránsito humano, como se explica en este artículo sobre dónde se esconden los ratones.
Además, febrero suele coincidir con un descenso de actividad en muchos negocios. Hay menos movimiento, menos vigilancia y, en algunos casos, sistemas de control que no se revisan desde hace meses. Para un roedor, este escenario es perfecto: acceso fácil, poco ruido y escasa detección.
El resultado es que las infestaciones suelen comenzar de forma silenciosa, sin que nadie repare en ellas hasta que el problema ya está avanzado.
Un problema que va mucho más allá de lo visible
Pensar que la presencia de roedores es solo una molestia es un error común. En un entorno empresarial, su impacto puede ser serio y costoso. Desde el punto de vista sanitario, ratas y ratones son transmisores de patógenos y contaminan superficies, alimentos y mercancías. En sectores regulados, como la hostelería, la industria alimentaria o la logística, esto puede derivar en sanciones, cierres temporales o problemas en inspecciones.
A nivel estructural, los daños tampoco son menores. Los roedores roen de forma constante para desgastar sus incisivos, lo que afecta a cables eléctricos, aislamientos, tuberías o materiales de embalaje. No es raro que una infestación termine provocando averías, paradas de actividad o incluso riesgos eléctricos.
Y, por supuesto, está el factor reputacional. Un solo incidente visible para un cliente, proveedor o auditor puede afectar gravemente a la imagen de la empresa. La percepción de falta de control o higiene se propaga rápido… y cuesta mucho revertirla.
Febrero también deja pistas, aunque no siempre se vean
Uno de los grandes problemas de las infestaciones de roedores es que no suelen detectarse de inmediato. Su actividad se concentra en horarios nocturnos o en zonas poco frecuentadas. Aun así, suelen dejar señales claras para quien sabe interpretarlas.
Ruidos extraños fuera del horario laboral, pequeños daños en cables o materiales, olores persistentes en espacios cerrados o la aparición puntual de excrementos son avisos tempranos. Ver un ejemplar aislado tampoco es buena señal: normalmente indica que hay más, aunque no se vean.
Detectar estas señales en febrero es una oportunidad. Ignorarlas suele significar que el problema crecerá con la llegada de la primavera.
Por qué la desratización profesional es más eficaz que las soluciones caseras
Ante los primeros indicios, muchas empresas optan por soluciones rápidas: trampas domésticas, productos comprados sin asesoramiento o medidas improvisadas. El problema es que, en entornos profesionales, este tipo de actuaciones suelen ser insuficientes y, en algunos casos, contraproducentes.
Sin un diagnóstico adecuado, no se elimina el origen del problema. Los roedores se adaptan, esquivan trampas y pueden generar resistencias. Además, el uso inadecuado de rodenticidas supone riesgos importantes para personas, mascotas y para la propia actividad del negocio, además de posibles incumplimientos normativos.
Por eso, cuando hablamos de entornos empresariales, la única vía realmente eficaz es la desratización profesional.
Qué aporta la desratización profesional a un negocio
La desratización profesional no se basa en acciones puntuales, sino en un enfoque técnico y preventivo. Todo comienza con un análisis detallado de la instalación, identificando accesos, zonas críticas, hábitos de los roedores y nivel de infestación. Sin este paso, cualquier intervención es parcial.
A partir de ahí, se diseña un plan adaptado al tipo de negocio, su actividad y la normativa aplicable. No requiere las mismas medidas un restaurante que una nave industrial o un edificio de oficinas. Los métodos empleados son seguros, homologados y controlados, garantizando la eficacia sin interferir en el funcionamiento diario de la empresa.
Otro aspecto clave es la prevención. Una desratización profesional bien planteada no solo elimina el problema actual, sino que reduce drásticamente la probabilidad de que vuelva a aparecer. El seguimiento periódico y las medidas correctoras marcan la diferencia a medio y largo plazo.
Febrero, el mejor momento para apostar por la desratización profesional
Esperar a que el problema sea evidente suele salir caro. Actuar en febrero permite intervenir cuando la infestación aún es incipiente, con menos impacto, menos costes y menos riesgos para la actividad del negocio.
Además, anticiparse en este mes ayuda a evitar que la población de roedores se dispare con la llegada del buen tiempo, cuando las condiciones de reproducción son aún más favorables.
Invertir ahora en desratización profesional no es una reacción exagerada, es una decisión estratégica.
Prevenir hoy para no lamentar mañana
Los roedores no aparecen por casualidad. Llegan cuando encuentran el entorno adecuado y permanecen cuando nadie actúa a tiempo. Febrero es uno de esos momentos clave en los que el problema empieza a gestarse, aunque todavía no sea visible.
Contar con un servicio de desratización profesional permite proteger la salud, la infraestructura y la reputación de tu negocio, además de garantizar el cumplimiento normativo y la tranquilidad operativa.
Porque en control de plagas hay una máxima que nunca falla: la mejor infestación es la que se evita antes de que empiece. Si quieres revisar el estado de tu empresa o prevenir riesgos antes de que aparezcan, contacta con Sitehisa y hablemos.




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!